¿Qué ocurrió con las miles de personas africanas que vivían en Andalucía cuando Sevilla dejó de ser el gran centro del Imperio?
Durante el siglo XVII, la sociedad andaluza comenzó a transformarse.
Bajo Felipe III se reforzó la idea de la «limpieza de sangre» y la jerarquía social alcanzó también a las cofradías.
Documentos de la época defendían que las hermandades formadas por negros y mulatos no debían ocupar el mismo lugar que las integradas por cristianos viejos, reflejando una sociedad cada vez más marcada por el origen familiar y el color de la piel.
Mientras tanto, aumentaba el número de libertos.
Muchos hombres y mujeres africanos, una vez conseguida la libertad o tras dejar de servir a sus propietarios, se establecieron en barrios humildes de ciudades como Sevilla, Cádiz o Granada, donde convivieron con otros sectores populares de la sociedad andaluza.
En 1636 Sevilla reforzó su protagonismo como centro del comercio del tabaco procedente de América, aunque pocas décadas después Cádiz comenzó a asumir gran parte del tráfico marítimo atlántico.
Ese cambio modificó la economía andaluza y también los movimientos de población.
Cuando cuento esta historia durante mis rutas por Granada, muchos viajeros descubren que la Andalucía del Siglo de Oro era mucho más diversa de lo que imaginaban.
No solo convivían cristianos, moriscos o gitanos; también existía una importante población africana cuya historia ha quedado casi olvidada.
Comprender esa diversidad ayuda a entender mejor la memoria histórica andaluza y la sociedad en la que siglos después terminaría desarrollándose el flamenco.
Porque la historia de un pueblo también pertenece a quienes durante mucho tiempo no tuvieron voz para contarla.
Si quieres descubrir la Andalucía menos conocida y las historias que esconden Granada, el Albaicín y el Sacromonte, te invito a acompañarme en mis rutas culturales flamencas por Granada.


