Durante el siglo XIX, el Romanticismo transformó la forma de viajar.
Este movimiento artístico valoraba la emoción, el misterio, las ruinas y las tradiciones populares frente a la razón.
Andalucía reunía todo aquello que fascinaba a los viajeros: la Alhambra, el legado de al-Ándalus, los paisajes, el pueblo gitano y una cultura diferente al resto de Europa.
Escritores y viajeros de Francia, Inglaterra o Alemania comenzaron a publicar diarios y algunas de las primeras guías de viaje, despertando un enorme interés internacional por Andalucía.
Figuras como George Borrow, que llegó para difundir el Evangelio y tradujo el de San Lucas al caló, contribuyeron a acercarse a la cultura gitana desde una perspectiva poco habitual en su época.
Aquellos viajeros no siempre describían la realidad tal como era; muchas veces buscaban una Andalucía idealizada.
Sin embargo, gracias a ellos el folclore andaluz empezó a valorarse cuando en otros lugares se imitaban principalmente los gustos franceses.
Cuando explico esta historia en Granada, recuerdo que el flamenco comenzó a despertar la curiosidad del mundo mucho antes de convertirse en Patrimonio de la Humanidad.
Si quieres descubrir la Andalucía que enamoró a los viajeros románticos, acompáñame en mis rutas culturales flamencas por Granada.



