Granada no solo guarda secretos nazaríes…
también esconde una historia silenciosa que se escribió entre planos, símbolos y edificios: la masonería, está más latente de lo que muchos creen.
A finales del siglo XIX, la ciudad vivía un cambio profundo. Se abrían nuevas calles, nacía la Gran Vía, se derrumbaron muchísimas casas nazaríes y surgía una burguesía que soñaba con modernidad.
En ese ambiente, las logias masónicas crecieron con fuerza: solo en la ciudad se llegaron a contar cientos de miembros, entre políticos, profesores, artistas y arquitectos, una pasada!
Uno de los nombres más curiosos fue el del arquitecto Juan Monserrat Vergés. Trabajó para la Universidad, el Ayuntamiento y la burguesía granadina, pero también dejó mensajes discretos en sus obras: relieves, símbolos y detalles que, para quien sabía mirar, hablaban de fraternidad, conocimiento y libertad.
La masonería en Granada no era un club secreto de leyenda… era una red cultural y filantrópica que apostaba por la educación, el progreso urbano y el pensamiento libre. Muchos edificios de la ciudad esconden aún guiños simbólicos: herramientas de constructores, geometrías perfectas y decoraciones que parecen simples… hasta que conoces su significado.
La pregunta que queda en el aire es sencilla: ¿cuántas veces has pasado por delante de una fachada sin saber lo que realmente te estaba contando?
Porque en Granada, “las piedras nunca hablan alto… pero siempre dicen algo”.
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