¿Sabías que el mayor grupo de mujeres trabajadoras de Europa estuvo en Sevilla?
A mediados del siglo XVIII, el Estado español consolidó el monopolio del tabaco y construyó la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, hoy sede de la Universidad de Sevilla.
Allí llegaron miles de mujeres procedentes de barrios populares como Triana, San Bernardo o la Macarena. Muchas eran viudas, madres solteras o mujeres que encontraron en la fábrica una independencia económica poco habitual para la época.
A comienzos del siglo XIX ya trabajaban allí más de 6.000 cigarreras.
Mientras liaban tabaco llegado de América, compartían romances, coplas y canciones populares que formaban parte de la tradición oral andaluza.
No era todavía flamenco en el sentido actual, pero sí el mismo ambiente humano y cultural en el que terminarían desarrollándose muchos cantes flamencos.
Durante mis rutas culturales suelo contar que el flamenco no nació solo en los cafés cantantes. También creció en los patios, los corrales de vecinos y los lugares de trabajo donde el cante acompañaba la vida diaria.
Las cigarreras también se hicieron famosas por su carácter independiente.
Algunas participaron en pequeñas redes de contrabando de tabaco para complementar unos salarios modestos, convirtiéndose con el tiempo en símbolo de una mujer valiente, trabajadora y poco dispuesta a aceptar las normas impuestas.
Cuando los viajeros descubren esta historia entienden que el flamenco no pertenece únicamente a los artistas.
También pertenece a las personas anónimas que llenaron Andalucía de canciones mientras trabajaban para salir adelante.
Porque la historia no siempre cambia desde los palacios.
Muchas veces cambia desde una fábrica donde miles de mujeres decidieron cantar mientras construían su propio futuro.
Si quieres descubrir estas historias olvidadas de Sevilla, Granada y la cultura andaluza, te invito a acompañarme en mis rutas culturales flamencas por Granada.


