Tras la conquista de Granada en 1492, la Alhambra no desapareció. Cambió. Y en ese cambio está una de las claves de su historia.
Con la llegada del poder cristiano, el conjunto palatino fue adaptado a nuevas necesidades. Espacios que habían sido diseñados para la corte nazarí comenzaron a transformarse, integrándose en una nueva forma de habitar el poder. Sin embargo, no se destruyó todo: hubo una clara intención de mantener y ocupar el lugar, conservando gran parte de sus estructuras .
Esa continuidad se refleja en la mezcla de estilos. A partir del siglo XVI, se incorporaron elementos nuevos, como el Palacio de Carlos V, que convivieron con los antiguos palacios nazaríes . La Alhambra dejó de ser solo islámica para convertirse en un espacio híbrido.
Cuando lo explico en mis rutas, muchos se sorprenden: esperan una ruptura, pero encuentran una superposición de historias. Y ahí entienden que la Alhambra no es un momento congelado, sino un proceso.
Porque este lugar no solo habla del pasado nazarí, sino de todo lo que vino después.

