Hay una hora en Plaza Larga en la que el Albaicín se entiende de otra manera: por la mañana, cuando todavía se nota más la vida del barrio.
Las persianas empiezan a levantarse, las terrazas sirven los primeros cafés y, de martes a sábado, aparecen los pequeños puestos del mercadillo. Fruta, ropa, bolsas de la compra y vecinos que se paran a hablar. Parece una escena sencilla, pero cuenta mucho sobre este lugar.
Plaza Larga no es solo una plaza bonita. Es uno de los centros vitales del Albaicín. Ya en época islámica este espacio, conocido como Almajura, quedaba junto a la antigua Alcazaba y se comunicaba con ella por la Puerta Nueva, hoy Arco de las Pesas.
Durante siglos ha sido lugar de paso, intercambio y encuentro. Y algo de eso todavía permanece.
El Albaicín es Patrimonio Mundial, pero también sigue siendo un barrio habitado. Esa diferencia importa: detrás de las fachadas blancas, los cármenes y los miradores existe una vida cotidiana que no fue creada para el visitante.
Si quieres descubrir otra Granada, ven una mañana sin prisas y quédate unos minutos observando Plaza Larga antes de seguir caminando.


