En 1526 hubo cantos y bailes moriscos en los jardines de la Alhambra. ¿Significa eso que allí estaba naciendo el flamenco? No.
Lo documentado es que en la Granada del siglo XVI existieron zambras moriscas: fiestas con música, canto y baile que formaban parte de celebraciones públicas y privadas. Algunas llegaron incluso a participar en actos organizados por autoridades cristianas antes de ser perseguidas y prohibidas.
Lo que no podemos demostrar es que esas zambras fueran flamenco, ni que de ellas nacieran directamente la seguiriya, la soleá o el martinete.
Siglos después, Blas Infante propuso una teoría sugerente: que moriscos perseguidos pudieron mezclarse con comunidades gitanas y que ese contacto habría influido en la formación del cante. También relacionó la palabra “flamenco” con una supuesta expresión árabe asociada al campesino huido. Pero eso pertenece al terreno de la hipótesis, no al hecho probado.
¿Pudo existir influencia morisca? Perfectamente. Andalucía fue un territorio de cruces culturales. Pero influencia y origen no son lo mismo.
Entender el origen del flamenco exige aceptar precisamente eso: una historia compleja, con huecos, contactos y debates abiertos.
Si vienes a Granada, te invito a descubrir estas capas sobre el terreno: después, el flamenco se escucha de otra manera.


