¿Qué era lo primero que hacía un viajero al llegar a la Granada nazarí?
Ir al mercado.
Junto a la Mezquita Mayor se encontraba el auténtico corazón económico de la ciudad.
Allí se situaba la Alcaicería, un mercado propiedad del sultán donde se concentraban cerca de 200 tiendas dedicadas a la venta de seda, lana, algodón, lino, perfumes, especias y artesanía.
Su acceso estaba controlado, solo abría en determinados horarios y cada comerciante pagaba un tributo al Estado nazarí.
La seda granadina era uno de los productos más valiosos y desde aquí se exportaba hasta ciudades italianas como Génova o Venecia, convirtiendo a Granada en un importante centro comercial del Mediterráneo.
Muy cerca se encontraba el Zacatín, especializado en ropa, mercería, plata y productos de uso cotidiano, mientras que las alhóndigas servían como almacenes y mercados mayoristas donde los mercaderes guardaban y distribuían sus mercancías.
Una de las más importantes perteneció a Aixa, la madre de Boabdil.
Fuera de la Puerta de Elvira, cada semana se celebraba un mercado de frutas que llenaba de vida la entrada de la ciudad.
Cuando recorro estas calles con los viajeros, siempre les recuerdo que Granada no solo fue una ciudad de palacios.
También fue una ciudad de comerciantes, artesanos y mercados que conectaban Andalucía con el resto del mundo.
Si quieres descubrir la Granada nazarí más allá de la Alhambra, acompáñame en mis rutas culturales por Granada.



