En 1749, bajo el reinado de Fernando VI, se ejecutó la Gran Redada: una operación para detener a miles de gitanos con vida estable. Más de 9.000 personas fueron arrestadas, muchas en Andalucía. Separaron a hombres y mujeres para evitar que nacieran más. A los hombres los mandaron a trabajos forzados; a mujeres y niños, a encierros sin salida clara.
Esto no fue un hecho aislado. Durante siglos, hubo leyes que perseguían su forma de vivir. Ahí empieza a entenderse el flamenco no como espectáculo, sino como resistencia cultural, como memoria andaluza.
En el Sacromonte, cuando cuento esto, hay silencios que pesan. Recuerdo a una viajera que me dijo: “Ahora entiendo por qué el cante duele”. Y es que el flamenco guarda lo que no se pudo decir en voz alta.
¿Se puede entender el flamenco sin conocer esta historia?
El flamenco es como un árbol: si no miras sus raíces, solo ves las hojas.
Si vienes a Granada, vente conmigo y lo caminamos. Aquí no se mira, aquí se comprende.
Descubre Andalucía desde dentro.
Comparte, guarda y vive el flamenco en mis rutas culturales por Granada.

