El Sacromonte es uno de los lugares más importantes para entender Granada y el flamenco.
Eso es aquí y en China.
Después de la conquista cristiana de Granada, moriscos y gitanos acabaron viviendo juntos en las cuevas del Sacromonte. Eran los grupos más pobres y perseguidos, compartían formas de vida, celebraciones y músicas. De esa convivencia nace la zambra, una fiesta con cante, baile y música que se hacía en bodas, nacimientos y fiestas religiosas. La palabra zambra viene del árabe y no significa ruido sin más, sino música y celebración colectiva.
Las zambras estuvieron prohibidas entre 1554 y 1783, aunque siguieron celebrándose en casas y barrios gitanos. No se puede censurar algo que pertenece al pueblo…
En el siglo XIX, con la llegada de los viajeros románticos, Granada y los gitanos se pusieron de moda. En el Sacromonte, los gitanos comenzaron a organizar espectáculos en sus propias cuevas para los visitantes. Así nacen las zambras como espectáculo, en torno a 1840.
Durante finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, el Sacromonte se convirtió en el corazón del flamenco para el público internacional. Pasaron por allí escritores como Washington Irving, reyes, políticos y estrellas de Hollywood. Era un flamenco vivido en las casas-cueva, no en teatros.
La primera zambra documentada fue la Zambra del Cujón, fundada en 1840. Actuó para Washington Irving y la reina Isabel II y allí se tomó la primera fotografía conocida de una zambra granadina. Tras su desaparición surgieron otras fundamentales, como la Zambra de los Amaya, que llegó a actuar en París, Buenos Aires y Río de Janeiro, y más tarde la Zambra de la Capitana, muy ligada al Festival de Cante Jondo de 1922 y a Carmen Amaya. Casi ná!
La Zambra de Manolo Amaya fue la más importante del Sacromonte durante décadas. En ella comenzaron figuras clave como Mario Maya y Pepe Habichuela, miembro de una de las familias más influyentes del flamenco, especialmente en la guitarra. Patriarca de la dinastía.
Otras zambras destacadas fueron la de la Coja y el Pitirili, muy ligada a la vida diaria del barrio; la de Lola Medina, pionera en modernizar los espectáculos; la de la Faraona, famosa por su carácter popular y su ambiente festivo; la Golondrina, visitada incluso por Charles Chaplin; y los Chavalillos, creada por jóvenes gitanos y cerrada por el éxito que tuvo.
En 1952 se fundaron varias de las zambras que han llegado hasta hoy, como la Zambra de la Rocío, visitada por Ava Gardner y Michelle Obama, y la de María la Canastera, que sigue funcionando también como museo.
En 1963, unas lluvias devastadoras provocaron el derrumbe de muchas cuevas. El Estado obligó a muchas familias gitanas a abandonar el Sacromonte y trasladarse a barrios periféricos como Almanjáyar, en condiciones muy duras. Tras esto, muchas cuevas fueron compradas por agencias o particulares, aunque algunas familias regresaron ilegalmente a sus casas. Esas familias son las que hoy mantienen vivas las zambras tradicionales del Sacromonte.
La Chumbera, fundada en 1961, pasó de zambra a discoteca tras las inundaciones y más tarde fue comprada por el Ayuntamiento para crear un centro flamenco, transformando por completo las cuevas originales, a día de hoy se organizan espectáculos con unas vistas a la Alhambra de locos!
Hoy, las zambras del Sacromonte son el único lugar del mundo donde se puede ver flamenco en las cuevas que fueron viviendas reales del pueblo gitano. Aunque el turismo hizo que parte del flamenco perdiera pureza, también permitió que esta tradición no desapareciera del todo.
Como pasa con el flamenco, el Sacromonte no se entiende sin su historia de mezcla cultural, persecución, resistencia y memoria viva.



